sábado, 12 de noviembre de 2011

El estrés vs. La juventud *Ding Ding*

, el estrés me enferma… espera, ¿qué dices? ¿Que el estrés también me envejece? What! ¡Pero yo soy estudiante universitari@! Me faltan AÑOS para preocuparme por las canas y las arrugas :P

No, no son sólo las “canas y arrugas” por las que te tienes que preocupar, más bien preocúpate por tu cerebro, tu corazón… ¡y hasta tu ADN!

A corto plazo

Todos hemos sentido los síntomas del estrés académico –claro que unos más que otros. Primero, la ansiedad. Luego el insomnio. Y por último, la tristeza que viene con la preocupación y desesperación. En un estudio realizado por Robert Spalosky con babuinos en África, resultó que los simios dominantes presentaban más dopamina (neurotransmisor relacionado con el aprendizaje, conducta, estado de ánimo y satisfacción) que aquellos simios subordinados (Sapolsky, 2008). Estos babuinos subordinados no sólo tienen una menor capacidad de aprendizaje y placer, sino que también tienen un promedio de vida menor a los machos dominantes. Esto aplica también para los humanos. Con la ansiedad, no se puede tener un momento de paz. Con el insomnio, no se puede tener un buen rendimiento académico debido al cansancio físico y mental. Y con bajos niveles de dopamina, no sólo se está triste, sino que no se puede disfrutar al máximo y se llega a tener un promedio de vida más bajo al normal.

A la larga

El estrés crónico lleva  a enfermedades cardiovasculares. En el mismo estudio realizado por Sapolsky, se observó que las arterias de los babuinos dominantes estaban limpias, mientras que la de los machos subordinados tenían una placa de grasa (Sapolsky, 2008). Esto es ocasionado porque, al presentarse una reacción al estrés, incrementa el ritmo cardiáco junto con la presión sanguínea. Una alta presión sanguínea con el tiempo lleva a la erosión de las paredes de las arterias, quienes ahora están expuestas a acumular grasa. En un momento de mucho estrés, sube la presión, y cuando las placas en las arterias ya obstruyen el flujo sanguíneo, puede presentarse un infarto.

El sistema inmunológico también se ve seriamente afectado por el estrés. Como mencioné en el post Lo bueno y lo malo del estrés, el sistema inmunológico deja de funcionar ante una situación estresante. Cuando se presenta un caso de estrés crónico, el sistema inmunológico puede no estar parado al 100%, pero obviamente no funciona como debería. Por eso cuando estamos estresados es más fácil que nos dé gripa, o pesquemos un virus por allí.

Algo más que afecta el estrés que es vital en nuestras vidas es nuestro código genético (Sapolsky, 2008). Así es camaradas, lo leyeron bien: ¡nuestro CÓDIGO GENÉTICO! El estrés crónico cambia la manera en cómo almacenamos grasas, concentrándolas principalmente en el abdomen. Por eso es conocido que los hombres mayores de clase media tengan su “pancita.” Las grasas almacenadas en esta área son las más peligrosas, porque se encuentran muy cerca del corazón.

Pero no son sólo las grasas las afectadas. ¡No señor! Existen unas tapitas en las puntas de nuestros cromosomas llamadas telómeros que mantienen la estructura del mismo y previenen su fragmentación. Lo que hace el estrés crónico es meterse a nuestras inocentes y desprotegidas células (ya abandonadas tras el “fallecer” del sistema inmunológico), así como un ladrón a un banco, y se las roba. Bueno, no se las “roba,” pero sí las acorta, dejando que se deshilachen poco a poco nuestros cromosomas. La reducción de los telómeros es normal en el proceso de envejecimiento, pero lo que ocasiona el estrés es que se acelere el proceso. De acuerdo con los estudios de la Dra. Elizabeth Blackburn de California, 1 año de estrés crónico es equivalente a 6 años de envejecimiento en una persona normal (Sapolsky, 2008). ¡6 años!


Ingredientes para reducir el estrés y promover la longevidad

La Dra. Blackburn ha descubierto una enzima que permite recuperar el largo de los telómeros y prolongar el promedio de vida de individuos estresados. No sólo eso, sino también descubrió que hay dos ingredientes clave para promover la longevidad: la compasión y el cariño. En un estudio realizado en California con madres de niños discapacitados, Blackburn encontró que aunque estas señoras sufrían de estrés crónico, el cariño y compasión que las impulsaba contrarrestaba los efectos del estrés. Mágico, ¿no creen?

Así que mis queridos compañeros, amen la vida y amen su carrera, porque puede ser que así ya no les salgan tantas canas. 


Referencia: Referencia: Sapolsky, R. (Investigador) (2008). Killer stress [Episodio de Serie de Televisión]. En Stanford University, (Productor Ejecutivo), National Geographic Special. National Geographic Television. Obtenido enhttp://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=uvAtIT7E_UE

Lo bueno y lo malo del estrés

¿Por qué es tan malo el estrés? ¿Cómo nos afecta? Es más, ¿por qué si quiera existe este monstruo que ataca a la sociedad?

Stress Reaction

Según la Real Academia Española, el estrés es una "tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves"La función natural del estrés es mantenernos vivos. En una situación peligrosa hace que nuestro corazón se acelere y respiremos más rápido para oxigenar nuestros músculos y reaccionemos al instante ante el peligro. Nuestro cerebro apaga todo sistema o mecanismo (inmunológico, reproductivo, de crecimiento, de reparación de células…) para concentrarse solamente en una cosa: sobrevivir (Sapolsky, 2008). La duración del estrés es de aproximadamente 3 minutos, y termina cuando ya no hay peligro.


Entonces... ¿el estrés es bueno?

Sí, y no. El estrés es bueno cuando te está salvando de un gran tiburón blanco, pero se torna malo cuando se vuelve permanente. El estrés crónico se da cuando la reacción no dura 3 minutos, sino horas, días… a veces hasta semanas. Lo más chistoso es que no se presenta por causas “naturales”.  Me refiero a que no se da porque nos persigue un león en la sabana, o estamos peleando por un trozo de carne, o ver quién se queda con la chica. No, el estrés crónico es creado por el mismo ser humano; se lo ocasiona el mismo (Sapolsky, 2008). El tener que entregar un ensayo para mañana a las 8am, el examen final de cálculo de pasado mañana, o la entrega de planos y maqueta del próximo lunes no son situaciones de vida o muerte. No necesitas “sobrevivir” a esas tareas -aunque a veces parezca que sí... Estas situaciones de “peligro” no necesitan por qué activar nuestro mecanismo de supervivencia. Es el propio estudiante el que crea esta idea de que “sí no salgo bien, mi vida está arruinada” o  “de esto depende mi futuro”. Obviamente sí, estas cosas (exámenes, entregas…) afectan tu futuro, pero no lo definen.


Referencia: Sapolsky, R. (Investigador) (2008). Killer stress [Episodio de Serie de Televisión]. En Stanford University, (Productor Ejecutivo), National Geographic Special. National Geographic Television. Obtenido en http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=uvAtIT7E_UE

martes, 1 de noviembre de 2011

Escoge tus batallas

Hace poco, leyendo acerca de tips para controlar el estrés academico, me encontré con la frase "escoge tus batallas" (en inglés, "choose your battles") (Misra & McKean, 2000), que en otras palabras signifíca, decide cuáles son verdaderamente tus prioridades, por lo que vale la pena luchar; no te desgastes en cosas que al fín y al cabo no son importantes. Para un estudiante esto quiere decir, organízate.

En la universidad, el saber organizarse es clave. Saber qué tareas son las que demandan más nuestra atención (las que necesitan más tiempo y tienen un mayor porcentaje en calificación) y cuáles pueden esperar (aquellas que son rápidas y no tienen tanto peso en la boleta) (Del Rosal, 2009).

No sólo son las tareas las que necesitan pasar por el filtro de prioridades, actividades básicas como dormir, comer, hacer ejercicio, momentos relajación y distracción también son muy importantes para el buen desempeño y felicidad de la persona. 

Una buena opción para administrarte es hacer una lista de las cosas que tienes que hacer en el día. A la derecha de cada actividad, escribe si es necesaria o no (i.e., comer es necesario, ver el estreno de tu serie favorita no...). Después, escribe la duración aproximada de la actividad, y por último, el orden en que deben ser realizadas. Así puedes hacer un horario realista de lo que tienes que hacer que incluya tanto tus tareas y obligaciones, como actividades rutinarias y necesarias.



Referencias: 
Del Rosal, M. (2009, Agosto 26). Cómo optimizar tus tiempos de estudio [Web log message]. Retrieved from http://www.estudiante.org/como-optimizar-tus-tiempos-de-estudio/

Misra, R., & McKean, M. (2000). College students' academic stress and its relation to their anxiety, time management, and leisure satisfaction. American Journal of Health Studies, Retrieved from http://findarticles.com/p/articles/mi_m0CTG/is_1_16/ai_65640245/

¡Dormir no es necesario!

Se ha llegado a la conclusión de que es benéfico para toda la comunidad estudiantil el no dormir; es mejor utilizar esas 6 a 8 horas haciendo algo productivo. Por ejemplo, en vez de descansar y dejar que el cuerpo regenere células perdidas durante el día (Guerrero, 2008), el estudiante puede optimizar su tiempo y estudiar aquellos temas que se le dificultan. No es indispensable que el cerebro procese aquella información dormido, asegurando su aprendizaje, si lo puede hacer despierto. Si se llegará a presentar cansancio al realizar estas actividades (probable, pero poco común) y el cerebro llegue sobrecalentarse, el alumno puede sumergir su cabeza en agua helada unos cuantos segundos para que este vuelva a su temperatura normal. En caso de presentarse el abominable fenómeno denominado "sueño", el alumno puede recurrir a la biblioteca, una atmósfera académica que inspira al sujeto a olvidarse del fenómeno y seguir estudiando.



Referencia: Guerrero, P. G. (2008, 12 23). La importancia del sueño [Web log message]. Retrieved from http://www.planamanecer.com/portada/Actualidad | Noticias/content/modo/view/id/242/Itemid/7/

Inspirado en: Julio Cortazar